Sólo Román puntúa en una decepcionante corrida de Cebada Gago

Isaac Fonseca, que reaparecía, se resintió de la luxación de codo que padece y no pudo estoquear al sexto

Si por algo ha destacado el encierro de Cebada Gago es por la nobleza. Condición insuficiente para el triunfo en Pamplona. Entre todos, destacó justo el que había entrada en la corrida sustituyendo al toro que se imposibilitó por la mañana. El resto, aunque en su mayoría manejables, carecieron de clase. Sólo Román paseó una oreja del segundo, al que le propinó lo que puede ser la estocada de la Feria. Isaac Fonseca, que reaparecía, se resintió de la luxación de codo que padecía al entrar a matar al tercero.

«Semillero», que hizo segundo, saltó al ruedo sueltecillo y pasó sin brillo por el peto. Genuflexo fue abriéndole los caminos al toro. Román le buscó las vueltas porque aunque tenía buena condición, buscaba irse desde el principio. Acabó en tablas en el sol y allí tiró molinetes y recursos para llegar a los tendidos. Metió la espada con agilidad y de gran eficacia que le valió la oreja.

«Avanto» no le permitió estirarse de capa a Román. No fue un animal fácil, pero el valenciano hizo un esfuerzo. Fue cimentando una faena a base de inteligencia y firmeza. Lo empujó hacia adelante con muletazos meritorios, tragándole en más de una ocasión ya que punteaba en cada muletazo. La espada hizo guardia, dejándolo si posibilidad de triunfo.

Abrió el festejo «Andante», que no corrió el encierro esta mañana puesto que el toro reseñado inicialmente se rompió el pitón durante el recorrido. El de Cebada Gago no se empleó en el peto. Román intervino en su turno de quites por tafalleras. Juan Leal se fue a los medios y de hinojos comenzó con pases cambiados que calaron mucho en los tendidos. Se encontró con un animal noble y con humillación, que tuvo un buen pitón izquierdo. El torero francés dejó naturales profundos y con temple. El prólogo fue igual que el epílogo, de rodillas, pero esta vez con pases cambiados. Con los aceros emborronó todo lo logrado.

Juan Leal recibió de rodillas en el tercio a «Gritón», pudiendo ser arrollado. El de Cebada Gago estaba justo de fuerzas, perdiendo las manos en las probaturas de la faena. Pese a la firmeza del torero galo y a la fijeza del animal en las telas, le faltó transmisión y clase. Una faena larga en la que puso todo lo que le faltó a su oponente. Volvió a errar con el descabello.

Leal tuvo estoquear a «Bético», el sexto que le había correspondido en suerte a Fonseca. Un animal que salió desentendido y echando la cara arriba en los capotes. Inició la labor en el centro del platillo con pases cambiados por la espalda. Con la diestra firmó varias series en las que hubo temple. Por el izquierdo, le imprimió suavidad, intentando que no le enganchara. Al volver al pitón contario, ya le costaba más, por lo que se metió en los terrenos del astado. No fue su tarde con la espada.

El tercero, «Compuesto» de nombre, apretó en el caballo. Isaac Fonseca lo sacó hacia los medios, pero mantuvo el mismo comportamiento que en los tercios anteriores. Muy distraído, sin clase, salía desentendido de la muleta y sin emoción. Aunque el mexicano mostró disposición, era imposible el lucimiento. Cuando entró a matar, se resintió de la luxación en el codo que padece. Tuvo que acabar con él Juan Leal, que lo hizo con solvencia.

Ficha del festejo:
Plaza de toros de Pamplona. Cuarto festejo de la Feria del Toro. Lleno. Toros de Cebada Gago, bien presentados, aunque de juegos desigual. 1º, noble, con humillación y un buen pitón izquierdo; 2º, rajado, aunque con clase; 3º, deslucido; 4º, justo de fuerza y falto de clase; 5º, encastado, pero con muchas teclas; 6º, desclasado.
Juan Leal (de púrpura y oro), silencio, silencio y silencio.
Román (de blanco y plata con los cabos azabache), oreja y silencio tras aviso.
Isaac Fonseca (de gris y plata), silencio.