Borja Jiménez, coronado como príncipe de Sevilla
El toreo es verdad y esa verdad se debate cada día entre el triunfo y la tragedia. Ambos actos se suscitaron hoy en La Maestranza. Una tarde más sublime de Borja Jiménez en la que acarició la Puerta del Príncipe. Salió de la plaza con dos orejas, pero debieron ser cinco incontestables si la espada no le hubiera jugado otra mala pasada, como el sábado con los ‘victorinos’. El de Espartinas estuvo cumbre y el coso del Baratillo sucumbió a un toreo inconmensurable con valor, estética y entrega a partes iguales. Borja es príncipe de Sevilla, no le hace falta una Puerta que algún día logrará. Esta Feria de Abril le ha dado galones que van a permanecer, porque es el presente y también el futuro de la Tauromaquia. La nota amarga llegó con Morante, que acabó en la enfermería después de que el cuarto lo cogiera de fea manera.
Morante había sido recibido en La Maestranza con una gran ovación, tras la que volvió a formar un alboroto con el capote. Recibió ‘Pelifino’ con un ramillete de chicuelinas, que remató con una larga. Después, instrumentó dos quites: uno por verónicas y el segundo por gaoneras. Todo eso tuvo un denominador común: el temple. La dulce embestida del de Hnos. García Jiménez invitó también a que Borja Jiménez quitara por chicuelinas con mucha suavidad. Comenzó con una rodilla en tierra, por bajo muy torero, y se lo sacó para los medios. El diestro cigarrero estuvo muy asentado, toreando un redondo a un toro que iba hilvanado en la muleta, pero que cada muletazo llegaba a los tendidos más por la gran estética del maestro, que por la transmisión del propio animal. Los muletazos por ambas manos surgieron con mucha naturalidad, con encaje y compás. Mató de una oreja y paseó una oreja.
‘Clandestino’ hirió a Morante en el recibo de capa. El toro hizo por él, cogiéndolo por el glúteo y pisándolo bruscamente. Con la plaza en un silencio frío, Borja Jiménez se fue a la puerta de la enfermería para dejar su montera en señal de respeto a Morante, donde lo estaban operando. La tarde había que levantarla y, aunque tenía el rictus serio, se echó rodilla en tierra en un inicio vibrante. Fue otro toro con clase al que condujo con mucha naturalidad y en redondo con la mano diestra. Fueron brotando series con ligazón y torería, con el diestro con la figura relajada, pero exponiendo. Por el izquierdo le costó más y, aun así, le robó una serie importante. El animal fue a menos, pero no la entrega ni el temple del torero, que dibujó una última tanda de categoría y de temple. En el segundo encuentro, al entrar a matar, recibió un fuerte golpe, temiendo lo peor. La estocada cayó a la tercera.
Esas dos orejas se habrían sumado a la que ya había cortado en el segundo de la tarde. Borja Jiménez saludó a ‘Almendrito’ por verónicas, a las que prosiguieron unas chicuelinas armónicas que abrochó con una gran media. El de Hnos. García Jiménez estuvo a punto de derribar al picador Vicente González, aunque pasó sin entregarse por este tercio. El de Espartinas le brindó a Morante, con quien ha compartido jornadas de entrenamiento este invierno en casa del cigarrero. Toreó con mucha verticalidad, en un palmo de terreno, a un toro que tuvo más brío que el primero y con fijeza. Los naturales también gozaron de gran torería. Aunque volvió a la diestra, Borja quiso poner el broche con la zurda, gustándose mucho.
Borja, sabedor de que tenía su última bala, se fue a recibir a portagayola a ‘Sosito’, al que, después de la larga, le ligó una verónica de rodillas, jugándosela, para culminar con otra larga que hizo sonar a la Banda de Tejera. El toro llegó con mucha incertidumbre al último tercio. Por eso, cuando brindó al público y se quedó en el sitio para citarlo por pases cambiados, la plaza se estremeció. En el primero estuvo a punto de cogerlo, pero, con la misma quietud, se mantuvo para seguir en redondo. El de Olga Jiménez no fue fácil, pero el de Espartinas, con un mando superior y sin aspavientos, dibujó las series sin despegar las zapatillas del albero. Los naturales fueron todavía de mayor verticalidad. La espada se fue trasera, tardó en caer y todo quedó en un trofeo.
Tomás Rufo saludó por chicuelinas a ‘Terremoto’, al que brindó después su muerte al ganadero Borja Domecq. Muy poderoso fue el inicio genuflexo. El torero de Pepino estuvo inteligente, dándole tiempos a un toro con humillación y clase, pero al que le faltaban fuerzas para terminar de redondear. Por el pitón izquierdo firmó la serie más notable, por donde tenía aún más calidad. El animal se fue desfondando; también la exigencia que le administró desde el inicio hizo que se acabara antes. Mató de una estocada.
‘Discreído’ se partió el pitón nada más salir, por lo que salió en su lugar ‘Mariposo’, del hierro de Hnos. García Jiménez, que humilló en el percal de Rufo. Borja Jiménez quitó por chicuelinas, tragando mucho. También puso su montera sobre la puerta de la enfermería el toledano. Al centro del platillo se fue para empezar con un pase cambiado, tras el cual se puso de hinojos. Las dos primeras series tuvieron mando, pero luego la labor, de largo metraje, se fue diluyendo a la vez que el astado fue a menos. La espada cayó baja.
Morante de la Puebla (de azul pavo y oro), oreja con petición de la segunda y herido
Borja Jiménez (de nazareno y oro), oreja, vuelta al ruedo tras petición y oreja con petición de la segunda.
Tomás Rufo (de marino y oro), silencio y silencio.
