Talavante impone su ley en La Maestranza
Dieciséis años han tenido que pasar para que la ganadería de Puerto de San Lorenzo regresara a La Maestranza. Una vuelta esperada que no estuvo a la altura de las expectativas por la falta de fuerza de los toros, aunque dejó algunos matices: el fondo del segundo y del quinto permitió a Talavante convertir la emoción de sus embestidas en dos faenas de autoridad e improvisación. Solo paseó una oreja, pues no encontró la rúbrica en su última actuación.
Alejandro Talavante dejó varios lances a la altura de la segunda raya de picar a ‘Manzano’, de Puerto de San Lorenzo, cuya falta de fuerza ya se intuía. Empujó en el caballo de Manuel Cid, pero tras el primer par de banderillas ya marcó la querencia. El diestro extremeño comenzó con unos ayudados y trincherillas muy toreros para sacarlo a los medios. En esos terrenos, hilvanó una embestida que tuvo emoción en las dos primeras series de mano baja. Al tomar la zurda, el animal huyó a tablas y fue ahí donde, tapándole la salida, firmó naturales muy meritorios. Puso al público en pie con unos cambios de mano y una última serie en redondo. Culminó con una estocada y paseó una oreja
‘Pardillo’ saltó al ruedo sin fijeza ni entrega, tanto ante el capote de Talavante como en la suerte de varas. Fue un manso que se vino arriba con los doblones con los que abrió la faena, aprovechando las inercias. Fuera de las rayas de picar, lo metió pronto en la muleta con una primera serie muy rotunda y de mano baja, que hizo sonar la música. El de La Ventana del Puerto sacó el genio, y exigió mando y limpieza en los muletazos. Firmó un puñado de naturales de buen trazo, se lo enroscó y remató con unos cambios de mano muy toreros. Tiró de su magia improvisadora, pero exponiendo: cambió la espada de mano y, toreando en redondo con la diestra, lo sometió y levantó al público de sus asientos. Fue tal la conjunción por unos instantes que el toro le propinó un pitonazo en la rodilla, sin consecuencias. El animal se puso complicado a la hora de entrar a matar. Talavante dejó un pinchazo hondo trasero y escuchó los dos avisos mientras intentaba descabellarlo.
‘Cuba’, tercero de la tarde, salió más abanto. Al fijarse en los engaños, Juan Ortega le dibujó un ramillete de verónicas templadísimas que cerró con una media de rodillas. El recital con el capote continuó con el galleo con el que colocó al toro en el caballo. Ortega se sacó a los medios al de Puerto de San Lorenzo y lo sometió por bajo en una segunda tanda, en la que ya se hizo notar la falta de poder. Optó por cerrarlo y proseguir por el pitón izquierdo, pero el animal ya no quería ir para adelante.
‘Ligantesco’, de La Ventana del Puerto, no le dejó estirarse con el capote a Ortega. Brindó a Manzanares el último toro de su temporada. Pronto se puso a torear con el gusto que posee, pero su desrazado oponente no colaboró para que la actuación tomara vuelo. Pese a ello, el sevillano no se aburrió y dejó pinceladas impregnadas de su esencia. Mató de pinchazo y estocada, y necesitó el descabello.
Abrió la tarde ‘Bohemio’, un precioso ejemplar colorado salpicado de La Ventana del Puerto, al que José María Manzanares saludó a la verónica. Tanto en varas, donde fue medido, como en banderillas, ya dio muestra de estar justo de fuerzas. Por ello, el alicantino basó la faena en la media altura, sin obligarle y dándole tiempo entre series. Lo empujó hacia adelante y logró dos series estimables con la diestra antes de irse a por la espada. Acabó con él de un pinchazo hondo en buen sitio.
Al cuarto, ‘Cartuchero’, con el hierro de Puerto de San Lorenzo, también le dejó Manzanares como recibo unas verónicas con mucha suavidad. Aunque empujó en el caballo, la falta de fuerzas era ya muy evidente. El animal se defendió en los primeros compases de la labor de muleta. El alicantino le cambió los terrenos y se lo llevó más afuera para intentar que rompiera, pero el toro nunca le regaló una embestida entregada.
Toros de Puerto de San Lorenzo (2º, 3º y 4º) y La Ventana del Puerto (1º, 5º y 6º) bien presentados y faltos de fuerzas en líneas generales.
José María Manzanares (de azul pavo y plata), silencio y silencio.
Alejandro Talavante (de chocolate y oro), oreja y ovación tras dos avisos.
Juan Ortega (de corinto y oro), silencio y silencio tras aviso.
