La verdad como única arma
Este domingo volvían a estar anunciados tres toreros en Sevilla para los que el triunfo no es una opción, es una necesidad. Pero se encontraron con un hándicap de peso para desarrollar lo que llevan dentro. Ricardo Gallardo les puso por delante a la ternar dos cartas que, más que ases de corazones, eran sotas de bastos. Desarrollaron complicaciones y peligro la mayoría de ellos, con la alta nota del encastado y exigente quinto, ‘Escogeperro’, que mantuvo la emoción para el público. Rafa Serna no se dejó desbordar ni por el escenario, ni por el toro. Pudo estar más acertado o menos, condicionado por el poco oficio que posee, pero fue con sus armas y su verdad con las que sostuvo su discurso hasta el final.
Tres años después, Rafa Serna volvía a hacer el paseíllo en La Maestranza, un lugar que le devolvió la oreja cortada el pasado San Isidro. Su primero, ‘Laminado’, no se entregó en el recibo ni tampoco en el peto. Llegó a la muleta moviéndose descompuesto, con una embestida irregular por ambos pitones. El sevillano estuvo a punto de ser cogido, pero se mantuvo en el sitio siempre.
Serna quiso aprovechar su último cartucho y recibió a portagayola a ‘Escogeperro’ y al que una vez logró parar le recetó un ramillete de verónicas de buen trazo. A diferencia de sus hermanos, fue el primero en toda la tarde al que se le vieron cosas buenas y dio esperanzas cuando el ánimo había decaído. El sevillano comenzó de hinojos fuera de las rayas de picar tras brindar al público. Tuvo un toro exigente, encastado y con emoción, que pedía mando. Por momentos le cogió el sitio y las distancias, lo cual no era fácil y más en toreros con su situación. Lo importante de la faena radicó en su lucha con el toro y con él mismo. Un actitud irreprochable y, en base a eso, logró una tanda que fue rotunda de verdad. Mató de una estocada y paseó una oreja con sabor a triunfo moral.
Había abierto la tarde ‘Cazador’, un toro serio que rozaba los 600 kilos y al que ya desde la salida se le vio que no andaba sobrado de fuerzas y tampoco quiso pelea con el caballo. Dejó Rafa Serna un bonito quite por tafalleras como carta de presentación. Álvaro Lorenzo se mostró muy firme frente a un áspero y geniudo, que a pesar de no saber cómo iba a embestir, se quedó atornillado en el albero. Muy asentado, poco a poco le fue robando por ambos pitones muletazos meritorios, pasándose al de Fuente Ymbro a milímetros de la taleguilla. Culminó con unas manoletinas una obra importante, que refrendó con la espada en el segundo envite.
En contraposición, ‘Pardillo’, que hizo cuarto, fue también un astado muy serio, pero arrojó 491 kilos en la báscula. Saltó ya al ruedo algo descoordinado, perdió las manos en la salida del caballo y, tras varias caídas más en banderillas, la presidenta sacó el pañuelo verde. En su lugar saltó al ruedo ‘Guerrilhero’, de Murteira Grave, un toro justo de presentación, con algún problema de visión al que le faltó raza y transmisión y con el que Álvaro Lorenzo pasó inédito.
Molina salió a por todas en su debut como matador en Sevilla y, sin pensárselo, se fue a la puerta de chiqueros a recibir a ‘Jarrero’. Un precioso melocotón que en los primeros tercios estuvo desentendido y en la muleta se rajó muy pronto. El albaceteño optó por abreviar, matando de una estocada contraria.
El sexto, ‘Pijotero’, fue un animal con matices y que no tuvo tampoco mal embroque por el pitón izquierdo. Molina apostó en un inicio en los medios de rodillas con pases cambiados en una faena que parecía apuntar a otro resultado. El de Fuente Ymbro y el albaceteño no terminaron de encontrar la sintonía, pese a que las ganas del diestro estuvieron por encima de todo ello.
Álvaro Lorenzo (de verde esmeralda y oro), ovación tras aviso y silencio.
Rafael Serna (de blanco y plata), silencio y oreja.
Molina (de verde oliva y oro), silencio y silencio tras aviso.
