Con la épica, la gloria y la tragedia entre las manos
A veces, el toreo se escribe en tres actos: capítulos: la épica, la gloria y la tragedia. El primero fue el arma que usó Roca Rey para levantar una tarde soporífera hasta la salida del quinto. Salió con toda la artillería, dando un golpe de autoridad. El segundo era lo que ya acariciaba tras la faena en la que el acero debía amarrar las dos orejas. Pero en el camino se cruzó la guadaña de ‘Soleares’, que lo cogió de forma espeluznante, dando paso al último acto. Los tres no van reñidos, van de la mano y por eso el toreo es la verdad más pura que existe. Emulando a la figura, Zulueta salió en busca del triunfo con un complicadísimo animal con el que estuvo a gran altura, jugándosela por lo civil o por lo criminal.
A ‘Soleares’ Roca Rey lo recibió con un ramillete de verónicas a pies juntos, tejidas con suavidad, ganándole terreno. Pasó sin entrega por el caballo. Le brindó el toro a El Juli, que se encontraba de espectador. Sin pensárselo, el peruano se puso de hinojos en el centro del platillo para torear con pases cambiados, aguantando miradas y poniendo al público en pie. El de Toros de Cortés, haciendo honor a su reata, tuvo ritmo, pero con exigencia: había que llevarlo metido en la muleta. Al natural tuvo un desarme, momento en el que dejó de sonar la música. Al volver a la diestra, de nuevo el diapasón subió, porque expuso mucho. Abrochó con un circular invertido, totalmente metido entre los pitones. Al tirarse a matar, lo cogió el toro por el muslo, girándolo en el aire. Con el torero ya en la enfermería, el toro cayó y el presidente, en un acto de sensibilidad, sacó los dos pañuelos.
Antes, ‘Jaro’, que hizo segundo, salió abanto hasta que Roca Rey consiguió sujetarlo e instrumentarle un saludo por verónicas en el que le faltó celo. Quitó Zulueta por chicuelinas y una bonita media. Comenzó por estatuarios ajustadísimos en los que en uno de ellos estuvo a punto de ser arrollado. El de Victoriano del Río tenía calidad, pero le faltaba mayor motor y transmisión. Por ese motivo, el peruano fue dosificando las embestidas y administrándole el temple. Por el pitón izquierdo le costaba más, por lo que, tras probarlo, volvió al derecho con el toro ya venido a menos. Concluyó en las cercanías y encontró la rúbrica con la espada en el segundo envite
‘Envoltorio’ tuvo mejores inicios que finales en el recibo de Javier Zulueta, que regresaba a su plaza tras doctorarse en ella la pasada Feria de San Miguel. El de Toros de Cortés manseó en el caballo. Tuvo el bonito gesto de brindarle a su tío, el ganadero Gabriel Rojas. Comenzó con ayudados por alto para sacarlo a los medios con gusto. Firmó dos primeras series muy asentado, pero al toro le faltó raza y empuje para que su labor alcanzara cotas más altas. Cuando tomó la izquierda, el animal ya se vino abajo del todo. La estocada que dejó precisó del uso del descabello, que salió despedido hasta la barrera sin causar daño alguno.
Con Roca Rey en la enfermería, Javier Zulueta se fue a la puerta de chiqueros para recibir a ‘Jabaleño’, que salió andando y distraído. Aguantó hasta poder darle el farol para después ligar a la verónica ya en pie. El de Victoriano del Río recibió poco castigo. Se llevó la montera hasta la puerta de la enfermería para brindárselo al peruano. Tuvo una papeleta importante delante de él, pese a su escaso bagaje como matador, porque le tocó en suerte un toro encastado, pero complicado. Tuvo mucho mérito todo lo que hizo, y con verdad, ya que el animal tenía una embestida irregular por el pitón derecho. Por el izquierdo no tenía viaje y echaba la cara arriba. La cornada le rozó, pero no dio un paso atrás. Al tomar otra vez la mano diestra, dibujó muletazos de muy bello trazo, de uno en uno y tragando. La espada cayó baja, por lo que dio una vuelta al ruedo.
La otra nota bonita de la tarde fue que a las órdenes del sevillano actuó Curro Javier, que reaparecía tras sufrir hace unas semanas un trombo pulmonar. El torero de plata estuvo sensacional en la lidia del tercero, y en el sexto hizo sonar la música con los rehiletes.
Tuvo buen embroque ‘Marginado’ en el percal de José María Manzanares, aunque poco recorrido. Quitó Roca Rey por saltilleras ajustadas. El alicantino cuidó al de Victoriano del Río al que le faltó raza y entrega y con el que solo pudo justificarse. Con ‘Casero’, el deslucido cuarto, también de Victoriano del Río, tampoco tuvo opciones.
José María Manzanares (de tabaco y bronce), silencio y silencio.
Roca Rey (de lirio y oro), silencio tras aviso y dos orejas.
Javier Zulueta (de malva y oro), silencio y vuelta al ruedo tras petición.
Incidencias: Saludó tras banderillear al sexto Curro Javier.
