Roca Rey corta una oreja y Aguado pone el alma en medio de la mansedumbre
Era difícil enfundarse en traje de luces con la esencia morantista impregnando todavía cada rincón de Sevilla. Y lo fue más cuando, toro tras toro, la tarde se iba opacando por la mansedumbre de los de Domingo Hernández. Una corrida vacía a excepción del quinto, que fue el que dio mayores opciones para el triunfo. Roca Rey paseó el único trofeo de un festejo que cupo en el capote de Pablo Aguado. El sevillano esculpió cada lance con el alma y con la raza, una faena al sexto con aires personales y clásicos.
‘Valiente’, que hizo segundo, rehuyó todo tipo de pelea en los primeros compases, hasta que llegó Aguado e instrumentó un quite por verónicas muy templadas. El manso, aunque de buena condición, se pegó una voltereta en el inicio del trasteo por bajo de Roca Rey. El peruano le exigió desde la segunda serie en redondo, pero pronto se fue agotando el fondo que poseía. Acabó con él de una estocada.
Con el quinto, ‘Veronés’, al que saludó a la verónica Roca Rey, rompió la tónica de sus hermanos. Aguado volvió a dejar su nota con un quite por delantales de mucha suavidad. El de Domingo Hernández tuvo movilidad y un buen pitón derecho, que el peruano exprimió. Por el izquierdo, en cambio, fue más áspero. No por eso fue un toro fácil, pero el peruano lo sometió por bajo desde el principio en una faena de largo metraje. Tras una estocada, cortó una oreja.
Pablo Aguado dio un recital a la verónica en el recibo a ‘Cafetero’, con despaciosidad y torería. Pero las chicuelinas del quite no se quedaron atrás, a excepción de una que fue la envidia del propio Chicuelo. El astado fue otro toro manso que, tras la segunda serie, huyó en busca de los chiqueros. En esa zona intentó plantear la faena, pegado a tablas, pero andaba corretón. Logró sacarlo fuera del tercio para firmar una última serie muy lograda, cargada de gusto. Dejó un pinchazo y una estocada para terminar con él.
Cerró plaza ‘Embajador’, que en los primeros tercios tuvo el mismo comportamiento de mansito que los otros. Pablo Aguado estuvo firme frente a un astado de mejores inicios que finales. Fue trabajando la faena, pero en un descuido lo cogió de forma muy violenta. Se repuso enrabietado y la faena tomó tintes entre la épica y la torería. Se impuso dibujando las series más rotundas, aprovechando las querencias, pero haciéndolo todo con mucho gusto. Antes de entrar a matar, ya había sonado un aviso. La espada entró entera, pero el toro tardó en caer, lo que dejó todo en una vuelta al ruedo.
Alejandro Talavante pasó su primera comparecencia en la feria casi inédito. Su primero, ‘Terrateniente’, pasó sin entrega en los primeros tercios y buscando la querencia. En la muleta el comportamiento no cambió, salía desentendido y no tenía transmisión ni tampoco raza. Lo mató de una estocada trasera. El cuarto, ‘Pintor’, apuntaba mejores condiciones, pese a estar justito de fuerzas. El extremeño mostró disposición intentando que el animal fuera hacia adelante por ambos pitones, seguía pasando sin entrega.
Alejandro Talavante (de malva y oro), silencio y silencio.
Roca Rey (de corinto y oro), silencio y oreja.
Pablo Aguado (de maquillaje y oro), silencio y vuelta al ruedo tras dos avisos.
Incidencias: Iván García saludó tras banderillear al tercero.
